Son muy pequeños. Son tan pequeños, que si midieran dos metros de altura, seguirían siendo muy pequeños.
Sonríen, como si hubiera algo en esta puta vida a lo que mereciera la pena dedicarle una sonrisa.
Delante de ti, hablarán muy mal de la gente, y delante de la gente, por lógica, hablarán muy mal de ti.
Quieren ser amiguitos de todos: son especialistas de la fiesta es en mi casa, del sí bwana, del todo se soluciona hablando y de los emoticonos en los apestatus del féisbuc.
Necesitan saber lo que la gente piensa de ellos. Es una cuestión de identidad: saben perfectamente que ellos son, ni más ni menos, aquello que la gente diga que son.
Y sobre todo...
aman al jefe.
No en vano, se doctoraron en la delicada, en la minuciosa, en la refinadísima disciplina de despellejarse las rodillas y poner la boquita en forma de o.
Callarán cuando el jefe les grite.
Callarán y sonreirán cuando el jefe los humille.
Callarán, sonreirán y aplaudirán cuando el jefe grite y humille a los demás.
Alentarán al jefe a gritar, a humillar y a ningunear a sus propios compañeros.
Son pequeños.
Son muy pequeños.
No valen ni la mierda que cagan.
Adivina adivinanza.

2 comentarios:
Conozco uno.
son los bufones!!!
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