Epidemología

Desde que se declaró la peste, ya nadie reconoce esta ciudad.
Hay que cerrar las puertas de esta Praga bubónica.

domingo 13 de febrero de 2011

Adivina adivinanza

Son muy pequeños. Son tan pequeños, que si midieran dos metros de altura, seguirían siendo muy pequeños.
Sonríen, como si hubiera algo en esta puta vida a lo que mereciera la pena dedicarle una sonrisa.
Delante de ti, hablarán muy mal de la gente, y delante de la gente, por lógica, hablarán muy mal de ti.
Quieren ser amiguitos de todos: son especialistas de la fiesta es en mi casa, del sí bwana, del todo se soluciona hablando y de los emoticonos en los apestatus del féisbuc.
Necesitan saber lo que la gente piensa de ellos. Es una cuestión de identidad: saben perfectamente que ellos son, ni más ni menos, aquello que la gente diga que son.
Y sobre todo...
aman al jefe.
No en vano, se doctoraron en la delicada, en la minuciosa, en la refinadísima disciplina de despellejarse las rodillas y poner la boquita en forma de o.
Callarán cuando el jefe les grite.
Callarán y sonreirán cuando el jefe los humille.
Callarán, sonreirán y aplaudirán cuando el jefe grite y humille a los demás.
Alentarán al jefe a gritar, a humillar y a ningunear a sus propios compañeros.
Son pequeños.
Son muy pequeños.
No valen ni la mierda que cagan.
Adivina adivinanza.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Conozco uno.

Anónimo dijo...

son los bufones!!!