Epidemología

Desde que se declaró la peste, ya nadie reconoce esta ciudad.
Hay que cerrar las puertas de esta Praga bubónica.

martes 30 de noviembre de 2010

Pisitos nuevos para los profes españoles

El Gymnázium Budějovická, a partir de hoy mismo y durante más de un año, amanecerá, todos los días, cercado por vallas de seguridad y asediado por grúas y por camiones, por volquetes y por tractores, por excavadoras, por rozadoras y por hormigoneras.
Los alumnos del colegio, cuando desconecten de la tediosa explicación del profesor y echen un vistazo por la ventana, verán decenas de obreros doblados sobre sí mismos, perezosos y jodidos por este frío que arrasa toda Europa.
Los alumnos, cuando, cumpliendo con su obligación de adolescentes, no hagan ni puto caso a esos tristes carcamales que les hablan de gilipolleces como elipses, iones, endecasílabos, ententes y cráneos simiescos, y echen un vistazo por la ventana, verán montañas de arena y quilómetros de ovillos de hierro, zanjas abismales y carteles de precaución, carteles de uso obligatorio del casco y de prohibido el paso a toda persona ajena a la obra.
A los alumnos, durante el inmenso sopor de unas clases que sirven más bien para poco, les gustará dormirse, pero no podrán: el ruido de la maquinaria será insoportable, como insoportable será -dicen- el frío de un colegio abierto por un costado.
Porque están construyendo pisitos a los profesores españoles.
A los profesores españoles les están obligando a vivir en el mismo recinto del colegio.
Deberán dormir a dos metros del lugar en el que trabajan, los profesores españoles.
-Oiga.
-Qué.
-¿A usted no le parece que eso es un poco feudal?
-Sí, claro.
Los profesores españoles irán a clase con la marca de la almohada en medio de la frente.
Los profesores españoles, dentro de sus casitas nuevas, estarán escuchando el timbre del colegio -cerca, como si lo tuvieran en la cocina- hasta las siete y media de la tarde.
Los profesores españoles, en sus casas, nunca dejarán de estar en el colegio, y lo que es peor, en el colegio, nunca dejarán de estar en sus casas.
Los profesores españoles se asomarán a la ventana del salón y verán, a cincuenta centímetros de distancia, la clase de Educación Física, al bedel retirando la nieve y a un montón de estudiantes dando brincos con el monopatín.
Y los estudiantes, a su vez, verán a los profesores españoles entrando al colegio, digo, a su casa, cargados con la bolsa de la compra, y verán a las mamás de los profes en bata y en pantuflas, y sabrán cuándo entran y cuándo salen y a quién se llevan al colegio, digo, a su casa, y cómo chillan sus novias o sus novios cuando les hacen el amor.
El colegio, así, tendrá aulas, pasillos, taquillas, despachos, laboratorios, gimnasios, baños sucios y profesores españoles.
Que se obligue a los profesores españoles a vivir en el colegio no es que esté mal, que lo está, no es que sea ilegal, que lo es, sino que resulta, se mire como se mire, vil, feudal, nauseabundo y checo.
Desde la Agregaduría de Educación de la Embajada de España podrían pronunciarse al respecto. Quiero decir que a lo mejor, viendo que a sus profesores los están confinando a pisos de concentración, podrían levantar el dedito y protestar. Pero no. Ellos, como ellos mismos dicen, no son inspectores inmobiliarios. Ellos, como ellos mismos dicen, son algo más. Ellos son funcionarios de la Administración, es decir, especialistas del ni sí ni no, del mándamelo por escrito y del adjunto le traslado.
Pero, en el fondo, qué más da. Qué más da que a los profesores españoles les obliguen a vivir en el colegio, si son los propios profesores españoles los que no protestan, los que no se quejan, los que menos levantan la voz.
Dicen que vivirán allí, donde les ordenen, no vaya a ser que el amo del calabozo les tire de las orejas.
Dicen que vivirán allí, donde les ordenen, porque ni se les pasa por la cabeza esa cosa tan rara de gastarse una parte de su sueldo en alquilar un piso en el que vivir.
Tienen razón.
¿Para qué gastarse el dinerito en alquilar un piso en el que vivir, si lo puedes encerrar de por vida en la cuenta corriente y verlo crecer todos los meses a través de la página web de Cajamadrid?
-Oiga.
-Qué.
-Nada. Es igual.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

me gusta mucho cómo escribes. y me encanta leerte.

Ramón Machón dijo...

No te preocupes, que ya llegará la hora de reirse...